Etiquetas

,

¿Quieres arriesgarte a abrirlo delante de tu fuhrer? – Sargento Doe

…. y el disparo no ha errado su blanco. La sangre aun surge de la herida, con trozos de costilla y pulmón asomando entre la ropa destrozada. El anciano se va incorporando, se apoyando en la pared, mientras los personajes retroceden hacia la entrada de la caverna, apuntando hacia el. Los tres sienten como si el mundo se estirara y contrajera, y sus sentidos fallan, pero todo vuelve a la normalidad.

El desfiladeroY un grupo de soldados chinos entran en tromba. De forma extraña, parecen desorientados, uno incluso choca contra la pared. Entre ellos, un oficial con uniforme japonés, pero al mando esta el hombre de la luger. Cuando levanta su arma apuntando, un disparo de fusil de Sheperd le vuela la cabeza. Los soldados chinos empiezan a gritar, pero antes de que hagan nada, de un recodo se abalanza sobre ellos un campesino… o eso parecía, ya que su cuerpo esta consumido y sus ojos son completamente negros. Consigue tirar al suelo a un soldado, y antes de que nadie reaccione, le ha destrozado el cuello a mordiscos, mientras un leve resplandor azul, casi etéreo, surge del soldado y penetra en el campesino. Los soldados le disparan repetidas veces, y aunque se intenta levantar tras las primeras heridas mortales, acaba derrumbado en el suelo.

En los instantes de calma que suceden, el oficial japonés, que se había mantenido quieto, como en trance, cae desmayado al suelo. Uno de los soldados cae también, pero sangrando por los ojos y un oído. De pronto, los personajes son conscientes que el anciano ha desaparecido, pero hay una docena de recodos y grandes peñascos en la cueva, donde podría estar escondido. Cualquier opción de buscarlo se interrumpe cuando ven acercarse a un grupo de campesino desde el fondo de la cueva, en la oscuridad. Hombre, mujeres, todos con el mismo aspecto consumido, y los ojos negros. Baker, en chino, ordena a los soldados que les disparen, pero estos, aun mirando en la dirección ordenada, extrañamente dicen que no ven nada.

La oficial británica les ordena disparar igual, y en unos segundos, los soldados ya ven a sus objetivos, cuando se acercan más. Aunque caen repetidas veces mortalmente heridos, los campesinos vuelven a levantarse una vez tras otra. Solo cuando son alcanzados en múltiples ocasiones, se mantienen muertos en el suelo.

Baker y los dos marines deciden salir de la cueva inmediatamente. Los soldados chinos dudan, pero la mujer les ordena salir con ellos, y estos, totalmente aterrorizados, obedecen. Doe se carga al oficial japonés al hombro. Cuando salen, les dicen a los chinos que huyan, y estos tiran sus armas, sin dudarlo un segundo, y se adentran en el bosque, hacia el norte, lejos de su campamento. Los personajes deciden escalar la pendiente de la ladera de la cueva, y adentrarse en el bosque. Su intención es llegar a la siguiente aldea, y conseguir un barco de algún tipo.

Tras unos minutos de ascensión, se esconden entre los arboles, al ver como el otro alemán del barco, junto con el coronel chino, se acerca a la caverna, pero con treinta soldados. Cuando la propia ladera les esconde, siguen subiendo, a la mayor velocidad posible. Durante más de una hora, continúan ascendiendo, hasta llegar a la parte alta del desfiladero. Allí, descansan un momento, aprovechando para despertar al oficial japonés, que continuaba inconsciente, mientras Baker examina la cartera que le quito al alemán, viendo una curiosa foto del alemán de la cámara fotografica junto con el de la luger, en una tumbona al sol, pegaditos con unos cocktails.

Isoge Taro blogTras despertarlo, la conversación es rápida. El oficial reconoce que sus aviones bombardearon el Panay, ya que su gobierno le ordeno acompañar a los alemanes y obedecer sus ordenes. Pero ignoraba que era un buque americano, creyendo que era un navío de comunistas chinos, ya que eso le habían dicho. Tampoco sabe nada de los alemanes, ni quienes son. Cuando Baker le pregunta por el objeto, tampoco tiene ninguna información, aunque si sabe que los alemanes estaban buscando restos arqueológicos, o al menos, eso decían. Cuando recupera la frialdad, el japonés les pregunta por el brillo azul, y si también lo vieron, y que ha sucedido. Los personajes se limitan a explicar que decidieron salvar su vida, negando haber visto nada. El oficial les agradece lo que han hecho, y les da una dirección de un bar de mala muerte de Shanghai, donde pueden dejarle un mensaje, dando su nombre, Isoge Taro, si alguna vez necesitan ayuda. Después, y tras responderle los personajes que su pistola y sus cosas quedaron en la cueva, les explica que prefiere separarse y buscar su propia forma de volver a su base.

Se separan, y prosiguen su ruta. Apenas media hora después, oyen disparos, y ven como un grupo de soldados chinos disparan al bosque, pero ya no llegan a ver al japonés, aunque si que los perseguidores no parecen tener su rastro ni el de los personajes, sino que buscan por todas direcciones. Así que aceleran su marcha hacia la aldea, donde llegan un par de horas antes del anochecer.

Puerto pesqueroMás que una aldea, es una villa, con su propio amarradero. Aunque hay gente esperando el vapor que lleva a Nanking, y ven varios faluchos de contrabandistas, prefieren hablar con un anciano pescador y su hijo, y tras regatear, y negar ser comunistas, para desengaño del anciano, le pagan para que les lleve hacia el este por el río, hasta la capital. Tras dejarles avisar a su familia, de que estarán unos días fuera, zarpan. Una vez en el río, le explican a los dos pescadores, que los deben dejar en la costa sur, así ellos caminaran hasta la próxima aldea, mientras la barca a vela pasa junto al barco de los alemanes. No saben si estarán vigilando o incluso abordando a todo navío que cruce el río, así que prefieren no arriesgar.

Bajan a tierra y recorren cuatro kilómetros rápidamente. Cuando llegan a la siguiente aldea, los dos pescadores están esperando. Han pasado junto al barco de los soldados, y estos, al verlos solos, ni siquiera los han detenido. Pese a la reticencia del anciano, le pagan para que navegue de noche, y también a la noche siguiente, y a la otra, hasta que el cuarto día llegan a Nanking. Pagan a los pescadores, que vuelven a su aldea, y se adentran en la ciudad, camino de la Embajada británica.

Pero de camino, aun tendrán un par de situaciones incomodas. Primero, cuando entre las pequeñas callejas, vean como un hombre chino discute con una prostituta en un balcón. El problema es que el hombre se ve… diferente, como brillante, como destacado sobre un mundo mucho más gris. Deciden no detenerse, y seguir hacia la Embajada. Pero cuando ya casi han llegado al edificio diplomático, vuelven a sentir algo parecido. Como si algo o alguien tras una esquina reluciera sobre un mundo gris. Distraídos por ello, no ven que son rodeados por varios chinos. Cuando lo que atrajo su atención dobla la esquina, es un hombre. La sensación se disipa cuando empieza a hablar con ellos, pero por un momento, incluso sintieron como un objeto sobre su pecho, tapado por la ropa, pero visible de alguna forma para ellos, y que atrae su atención.

Jack Brady blogEl hombre es americano. De Texas. Y aunque amenazador, sobre todo por su docena de sicarios chinos armados, reconoce que de sacar las armas, podría pasar cualquier cosa, más cuando los personajes dejan claro que primero le dispararían a el. Su nombre es Jack Brady, y quiere comprarles el objeto que traen. Pese a la enorme oferta, cinco mil dólares para cada uno, se niegan. Incluso cuando añade que les contaría que es el objeto. Intentan conseguir igual la información sin venderlo, pero Jack no acepta. Lo dejan atrás, y con muchas precauciones se dirigen a toda velocidad a la Embajada.

Los soldados británicos los hacen pasar al jardín posterior, mientras esperan al Encargado de pasaportes, tapadera para el jefe del SIS británico. A salvo por fin, deciden descubrir que era el objeto. Bajo un resto de vieja tela, esta una capa de seda, que envuelve una caja lacada, con letras japonesa, que ninguno puede traducir. En su interior, un viejo y oxidado cuchillo japonés. Pero lo que les llama la atención a los tres, con ese efecto de destacar dentro de la realidad… es la caja.

Antes de poder investigar demasiado llega el oficial al mando de la inteligencia británica en china, Robert Collingwood, oficialmente el jefe de Baker. Sin preámbulo alguno les pregunta sobre el éxito de la misión, y si tienen el objeto. Se lo entregan, junto con los documentos oficiales que le sacaron al japonés, demostrando que el gobierno imperial nipón estaba involucrado. Pero al ir informando sobre todo lo sucedido, la mención de los alemanes provoca una reacción inmediata, ya que nada sabía de su presencia. Inmediatamente les ordena subir a un coche, y con otro de escolta, los lleva a toda velocidad al aeropuerto de la ciudad. Suben a un DC-3, con solo los dos pilotos, y despegan rumbo a Shanghai, con ordenes de presentarse al Coronel Holland Smith del Cuarto Regimiento.

Mientras el avión levanta el vuelo, pasan por delante de los hangares, y ven como Colingwood recibe un enorme fajo de dólares, de un hombre que les da la espalda